En mayo de 1992, el Gobierno Federal, los Gobiernos de los estados y el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación, suscribieron el Acuerdo Nacional para al Modernización de la Educación Básica (ANIMEB), en el que se establecieron tres líneas de centrales de acción: la reorganización del sistema educativo, la reformulación de los contenidos y materiales educativos y la revaloración de la función social del magisterio, en donde el docente es concebido como el protagonista de la transformación educativa. En esta última línea se propuso la creación del Programa nacional de Carrera Magisterial.

A la luz de los proceptos legales, del contexto histórico y del diálogo razonado entre al Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) surge dicho programa, como uno de los medios para impulsar la profesionalización del trabajo de los docentes de Educación Básica.

El Programa Nacional de Carrera Magisterial es una experiencia sin precedentes en la educación, el cual tiene el propósito de coadyuvar a elevar la calidad de la educación, mediante el reconocimiento y apoyo a los docentes, así como el mejoramiento de sus condiciones de vida, laborales y educativas.

Carrera Magisterial es un sistema de promoción horizontal en el que los profesores participan de forma voluntaria e individual y tienen la posibilidad de incorporarse o promoverse si cubren todos los requisitos y se evalúan conforme a lo indicado en los Lineamientos Generales de Carrera Magisterial.

El Programa consta de cinco niveles "A", "B", "C", "D" y "E", a los cuales puede acceder el docente sin que exista la necesidad de cambiar de actividad. Se sustenta en un sistema de Evaluación Global por medio del cual es posible determinar de forma objetiva y transparente, a quien se le debe otorgar el estímulo económico. Se incorporan o promueven los docentes que obtienen los más altos puntajes.

Carrera Magisterial es ampliamente aeptada por los profesores de Educación Básica, ello ha permitido consolidar una cultura de la evaluación, como una actividad permanente y natural del quehacer educativo, asimismo, ha promovido la actualización, capacitación y profesionalización de los docentes en servicio.



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